Si le preguntaras a mi mejor amiga cómo soy, probablemente diría que soy muy sensible y percibo cosas que otros no siempre ven.
Afirmaría que lo que más le gusta de ser mi es que no uso máscaras. Que aunque tenga inseguridades, las nombro como algo importante, no como algo que me define ni me limita, sino como partes que merecen ser tratadas con delicadeza.
Que todo el mundo habla de sus virtudes, pero que pocas personas hablan de su propia sombra como yo lo hago: con compasión y con orgullo. Que ojalá ella pudiera hacerlo así. Porque, seamos honestos, ¿quién se siente realmente feliz hablando de sus miedos e inseguridades?